Alimentación vs estado de ánimo

¿Cómo afectan determinados alimentos a tu estado de ánimo y a la rutina de entrenamiento? Aquí tienes lo que necesitas saber:

Como Hipócrates dijo una vez: "Deja que la comida sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento". El padre de la medicina moderna tenía razón: todo lo que comes desempeña un papel enorme en tu estado de ánimo. Desde entonces, hemos visto progresos increíbles en la investigación de cómo algunos alimentos influyen en nuestro estado químico, psicológico y fisiológico.

Desde ese café matutino hasta el salmón de la cena, cada bocado interactúa con los químicos que alteran el estado de ánimo de tu cuerpo. Una alimentación adecuada puede ayudarte a realizarte y a sentirse arriba del todo; una mala alimentación puede tener consecuencias. Conoce el poder de esos alimentos clave en tu propio cuerpo y empieza a sentir los efectos positivos en tu propio estado de ánimo:

Carbohidratos

Los carbohidratos suelen tener mala fama, pero no deberías desterrarlos de tu dieta. En su lugar, come carbohidratos inteligentes, como la pasta integral, las verduras y las legumbres. Cuando comes hidratos de carbono, los niveles de la neurotransmisora serotonina, reguladora del estado de ánimo, se potencian gracias a la liberación de aminoácido triptófano. Esto puede explicar por qué uno se siente más fatigado con una dieta muy baja en carbohidratos y menos motivado para trabajar. Incluir alimentos como los moniatos, los frijoles y la quinoa en tu dieta puede darte impulso para ampliar tu rutina de ejercicios, proporcionándote una liberación de glucosa más lenta y un nivel más estable de energía.

Azúcar

Todo el mundo sabe el subidón de energía que se siente cuando disfrutas de un tentempié dulce, como un donut cargado de azúcar. Pero también somos conscientes del bajón que acarrea. Ese aumento de energía es lo que hace que el azúcar sea tan adictivo - estimula la liberación de la hormona del bienestar, la dopamina, en el cerebro. Un poco de estímulo de vez en cuando es inofensivo, pero cuando activamos esta respuesta gratificante con demasiada frecuencia, puede conducirnos a desear a menudo cosas dulces. Cuando te da un bajón de azúcar, por ejemplo, tus niveles de azúcar en sangre vuelven a la normalidad, a menudo te puedes sentir irritable, ansioso o incluso deprimido. ¿Sigues tentado por ese bote de galletas? Asegúrate de que entrenas habitualmente – el ejercicio disminuye los niveles de glucosa en sangre.

Proteínas

El pescado, los huevos, las aves de corral, la carne roja, las nueces y las semillas tienen una cosa en común: están formados por cadenas de aminoácidos, por ejemplo, los componentes de las proteínas y los precursores de los neurotransmisores. Cuando consumimos proteínas, ayudamos a controlar el azúcar en la sangre, disminuyendo los efectos de la ansiedad o la depresión causada por los niveles altos de azúcar en la sangre. Al mismo tiempo, la proteína aumenta nuestra hormona feliz, la serotonina - mejora el sueño, el estado de ánimo y la tendencia a comer en exceso. Las proteínas también pueden aumentar tu estado de alerta y ayudarte a concentrar, gracias al aminoácido de la tirosina. Los efectos de la proteína son altamente beneficiosos para tu régimen de acondicionamiento físico, proporcionándote más energía, desintoxicando el cuerpo y produciendo hormonas que regulan tu estado de ánimo.

Grasas y aceites

La mayor parte de cerebro se compone de grasa – los protagonistas son el omega-3 y el omega-6, que se encuentran en los frutos secos, el aguacate y el pescado graso. Comer el tipo correcto de grasas puede tener un efecto positivo en tu estado de ánimo y también aumenta tu capacidad intelectual. Esto es gracias al omega-3, que bloquea los productos químicos inflamatorios, protegiendo a tu cerebro de las toxinas que distorsionan el estado de ánimo y alientan el intercambio de neurotransmisores sensibles a la serotonina y la dopamina. Para un entrenamiento más adecuado, incorpora grasas buenas en tu dieta varias veces a la semana y utiliza grasas saturadas saludables como el aceite de coco o el aceite de aguacate para cocina.

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